Como no puede ser de otro modo, el culinario, también es un arte para satisfacer los sentidos.
Lejos de ser un arte efímero, las sensaciones que nos deja serán tan duraderas como nosotros mismos
Y no es necesario llevarnos esa obra tan preciada, en la maleta cada vez que nos movamos, para poder volver a disfrutar de su belleza, sino que se nos va a presentar en el momento menos esperado, en el lugar mas remoto o en la circunstancia personal menos buscada

A través del olfato. Basta con reconocer, conscientes o no, aquel aroma que nos transporta a las cocinas de nuestra niñez, a aquella cena romántica, o al viaje a aquel hermoso lugar que nos hizo tan felices, . . . Todos, absolutamente todos, llevamos grabados en la memoria maravillosos aromas que nos devolverán, con solo evocarlos, a la magia del momento en que se plasmo ahí con la experiencia vivida

La sola vista de un bello plato emociona y hace soñar con la promesa del placer de degustarlos

Y no se quedan los placeres, unicamente en el paladar por el gusto de probarlos, ni con el tacto de alimentos y elaboraciones de diferentes texturas

Lo mejor de la cocina, en mi opinión personal, viene a través del oído.
La sinfonía del tintinear de cuberterías y platos, chocar de copas, y sobre todo, por encima de todo, sin lugar a dudas, las voces y risas de los buenos amigos y familia, compartiendo alrededor de una buena mesa

Si compartir es vivir, y recordar volver a vivir, será maravilloso compartir momentos que merezcan ser recordados por siempre

Tchin tchin! Salud y buen provecho.